—¿Qué demonios crees que estás haciendo? —le preguntó—. ¡Me asustaste!
Chandler levantó ambas manos al entrar en la cocina—. Lo siento, no fue mi intención. Emily dijo que estabas aquí, así que vine a saludarte.
Elena no puso los ojos en blanco, pero sí los cerró lentamente antes de abrirlos. Ocultar su reacción la hacía aún más fascinante para Chandler. Él vio cómo sus hombros subían y bajaban mientras respiraba hondo y exhalaba. Eso le hizo sonreír.
—¿Qué? —preguntó ella, con un tono algo más