Comieron en silencio durante unos minutos hasta que Chandler se sintió como un verdadero imbécil. No era culpa de ella, no del todo. Elena no tenía por qué intentar entender por qué él y su madrastra tenían la relación que tenían, ni cómo eso salpicaba a las relaciones con su padre y su hermano. Abrió la boca para disculparse, pero Elena habló primero.
—A mí tampoco me gusta darle demasiadas vueltas a las cosas que me molestan, así que lo entiendo —le dijo.
Este no parecía el momento de decir n