—No, primero déjame mirar —dijo él con voz ronca, y despacio desdobló la bata de ella para exponer su cuerpo desnudo a su mirada—. Eres tan hermosa.
Lo único que Elena podía hacer era mirarlo con ojos brillantes, cada átomo de su cuerpo clamando por ser poseído por él. Había pasado tanto tiempo desde la última vez que sintió el roce y saboreó el aroma de un hombre… y en este momento, la espera había valido la pena. Su mano se acercó a ella, sus dedos acariciaron la suave curva de su pecho y sos