Claudia sonreía mientras caminaba con paso firme a la facultad de jurisprudencia, su sueño inconcluso empezaba hacerse palpable, no iba a comprar un título, no necesitaba sobornar a un profesor, ella estaba lista, había nacido para eso, un aire de soberbia en su semblante y un portafolio de papeles, en su cartera, miró su futuro con esperanza…
A unas cuadras no muy lejos de la facultad en su pulcra oficinal el fiscal Hernández terminó de revisar los archivos del caso de Soledad, desestimada la