La Mansión Valderrama se convirtió en un cuartel general bullicioso en cuestión de horas.
Mateo Valderrama no jugaba con sus palabras. Para él, tres días eran más que suficientes para organizar una boda que sacudiría los mercados de valores de América Latina.
Los diseñadores de moda de élite de París fueron enviados directamente en avión, el catering con estrella Michelin trabajaba a toda máquina en la cocina subterránea, y el equipo legal corría de un lado a otro con montones de documentos q