La explosión detrás de ellos aún dejaba un eco ensordecedor en el estrecho túnel de drenaje.
Polvo y fragmentos de concreto volaban por todas partes, pero las paredes de roca natural de aquel pasadizo construido por Alejandro Valderrama se mantenían firmes.
Valentina tropezó, aferrándose a la pared húmeda y cubierta de musgo. Su vientre sentía como si fuera aplastado por manos gigantescas.
El efecto del suero estabilizador comenzaba a chocar contra el trauma físico que su cuerpo estaba sopor