El zumbido del viejo generador en la esquina de la habitación se estabilizó lentamente, suministrando electricidad a la fila de monitores que habían permanecido mudos durante diez años.
Las luces de neón del techo parpadearon varias veces antes de emitir una luz blanca azulada y estéril, iluminando las partículas de polvo que danzaban sobre las mesas del laboratorio.
Valentina permaneció inmóvil en el centro de la estancia, con la respiración aún agitada tras su angustiosa huida aérea.
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