El penetrante olor a antiséptico fue lo primero que recibió a Valentina cuando abrió lentamente los ojos.
El techo blanco de la sala de recuperación pareció girarse por un instante antes de que su visión se enfocara.
El dolor en su abdomen ahora era sordo, amortiguado por los efectos de la anestesia que aún permanecían en su sangre. Intentó mover la mano, pero sintió la tirantez del suero que restringía sus movimientos.
"Mi bebé..." susurró Valentina, con la voz ronca y casi inaudible.
"Está