Silencio. El único sonido que se escuchaba era el rugido de las olas golpeando el casco del barco de madera La Esperanza, que ahora ya no tenía ninguna esperanza.
El viejo motor diesel dio su último jadeo antes de apagarse por completo, dejando un olor penetrante a combustible en el aire salado de la mañana.
Valentina estaba de pie en la cubierta, su cabello corto y desordenado ondeaba con el fuerte viento marino, mirando hacia una línea costera que le resultaba completamente desconocida.
¿Dó