El fuerte olor a antiséptico picaba las fosas nasales de Valentina mientras se sentaba en la sala de espera del ala VVIP del Hospital Central Valderrama. Su ropa aún estaba manchada de hollín y marcas de sangre seca sangre de Sebastián.
Fuera de la ventana, el alba de Medellín comenzaba a asomarse, iluminando la ciudad que acababa de ser sacudida por el terror de la noche anterior.
Sebastián acababa de salir del quirófano después de seis horas angustiosas. Se habían extraído tres balas; una de