Un silencio opresivo envolvía la habitación VIP del Hospital Central Valderrama. Solo se escuchaba el sonido constante del monitor electrocardiográfico, que acompañaba la respiración contenida de Valentina. Habían pasado tres días desde el ataque en El Poblado, y durante esos tres días Valentina había ejercido el control sobre el Grupo Valderrama con una mano de hierro que había sorprendido a todos.
Valentina estaba sentada en un sofá de cuero en un rincón de la habitación, sosteniendo su portá