El suelo de mármol del pasillo de Nova-Life helaba los pesados pasos de Valentina.
A sus espaldas, el alboroto de periodistas y el sonido de la detención de Alfonso Valderrama se desvanecían poco a poco, pero las palabras de Sebastián resonaban una y otra vez en su cabeza.
La victoria sabía a nada. Una opresión en el pecho no desaparecía, como si una tormenta mucho mayor se cerniera sobre el cielo teñido de rojo sangre del atardecer bogotano.
Valentina se detuvo frente al ascensor ejecutivo.