Los flashes de las cámaras de los periodistas seguían destellando como relámpagos en el vestíbulo principal del edificio Nova-Life, pero para Sebastián Valderrama, el mundo de repente se había sumido en un silencio absoluto.
Se quedó paralizado en el podio, mirando a la fila de periodistas que horas antes lo aclamaban como un héroe y ahora lo observaban como depredadores mirando a una presa.
En su mano, aún podía sentir el último calor de los dedos de Valentina que había sostenido momentos atr