El amanecer teñía el horizonte de Bogotá de un gris sombrío, como si el cielo mismo se resistiera a ser testigo del drama que se desarrollaba en el interior del Hospital Central Valderrama.
Dentro de la estéril Unidad de Cuidados Intensivos, el sonido del monitor cardíaco, que antes marcaba un ritmo errático, comenzaba ahora a estabilizarse.
Sebastián Valderrama no se había movido de su puesto al lado de la cama de Valentina.
Apoyaba la cabeza en el borde del colchón, su mano aún aferrada a l