El fuerte olor a antiséptico penetraba en las fosas nasales de Sebastián, pero a él no le importaba.
Para él, el aire en los pasillos de la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del Hospital Central Valderrama se sentía mucho más asfixiante que la contaminación del puerto de Barranquilla.
Seguía vistiendo la misma camisa, ahora seca y manchada con la sangre de Valentina, que había oscurecido en las mangas.
Al otro lado del grueso cristal, Valentina yacía inmóvil. Su rostro, antes lleno de vital