Esa mañana, la Mansión Valderrama estaba adornada con miles de lirios blancos la flor favorita de Carolina, que Sebastián había obligado a que fuera el telón de fondo del aniversario de su boda.
El aroma de las flores era tan penetrante que llenaba cada rincón del pasillo, como si intentara cubrir el olor acre de la traición ocurrida la noche anterior.
Para Valentina, los lirios no parecían un símbolo de amor; eran como flores funerarias dispuestas con gran esmero.
Valentina se encontraba fre