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El mensaje llegó a las diez de la mañana, tres días después de la reunión del consejo. Camila estaba en la oficina que Don Ricardo le había asignado—pequeña pero funcional, con vista a la ciudad que nunca dormía—cuando su teléfono vibró con número desconocido.

"Necesitamos hablar. Sin Alejandro. Sin abogados. Sin tu suegro mirando sobre tu hombro. Solo tú y yo. Es importante. - SD"<

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