No sé si hay un enemigo más grande que la curiosidad, pero es con lo que he tenido que luchar durante todo el día, y es que solo a mí se me ocurre decirle a ella que en la cena hablaríamos de algunas cosas con sus padres. Ha sido toda una odisea poder salir de la casa sin ser víctima de un extenso interrogatorio, pero lo conseguí.
—Señor Danek —me saluda Catalina al verme entrar a su atelier y sonrió.
—Señorita Fernández, que gusto verla nuevamente —digo divertido y me acerco a ella para abraza