A la mañana siguiente fue cuando Eric entró en la habitación llevando un ramo de rosas rojas en su mano, besó mis labios sentándose a un lado de la cama. Johana aprovechó el momento que yo ya no estaba sola para bajar a desayunar a la cafetería, ya que no puede convencerle para que se fuera a su casa esa noche
— ¿Por qué no me dijiste que estabas embarazada? — preguntó Eric
— No se dio el caso — contesté
— Lo que me importa ahora es, que te pongas bien y podamos volver a Seattle, estaré aquí