Tan pronto como salen del centro comercial, el frío vuelve a recibirlas, pero a diferencia de antes, ahora ya no les resulta tan incómodo. Siena ajusta el abrigo para evitar el paso del aire frío, mientras escucha a Helena y America hablar al mismo tiempo, comentando sus compras, criticando precios “ridículamente altos” por la fecha festiva y presumiendo, sin revelar demasiado, lo bien que creen haberlo hecho con la elección de sus regalos.
—No pienso decir nada sobre mi regalo —advierte Helena—. Ni una pista. Pero sé que todos se sorprenderán.
—Fingiré creerte —responde America—, pero apuesto que terminarás revelando tu regalo después de la segunda copa.
Siena sonríe divertida al ver las miradas asesinas que Helena le dedica a America para luego dirigir su atención hacia ella.
—Te dije que era mala idea incluirla en nuestro grupo —acusa con falsa molestia.
—Yo soy lo mejor que pudo pasarle a este grupo.
Negando suavemente, Siena replica que la dejen fuera, totalmente negada e meterse