Contrario a lo que se pudiera pensar o esperar, el silencio que cubre la sala no se disipa cuando Siena desaparece en la planta superior. Al contrario, se acentúa aún más si es que eso es posible. Franco permanece inmóvil frente a la escalera durante largos segundos, como si su cuerpo se negara a aceptar que ella ya no está allí, que se ha alejado de él y no puede seguirla, que no puede alcanzarla. El eco de las acusaciones de Siena, resuenan en su cabeza, repetidas, insistente, uniéndose a ese