—¿Entonces está todo bien? —Margaret toma de la mano a su esposo mientras se sienta en la cama, lo observa fijamente a los ojos y sonríe cuando él, como siempre, besa su mano con total adoración.
Siena observa la escena que se desarrolla frente a ella y no puede evitar sonreír; también siente un poco de celos ante la imagen. Siempre ha sido fanática de esos amores que, a pesar de todos los años que llevan junto, parecen amarse como el primer día.
Colocándose de pie, se aparta de la cama antes de