El sendero comienza a estrecharse con cada metro que avanzan. Franco, caminando unos pasos por delante, aparta con la mano las ramas bajas para permitir que Siena pase sin complicaciones. El día, que hace apenas un par de horas se mostraba despejado, ahora se siente más fresco. Un viento húmedo se cuela entre los árboles, trayendo consigo el olor a tierra mojada y resina.
—Nunca dijiste que el camino sería tan empinado —comenta Siena, deteniéndose un momento en la subida..
—La verdad es que tampoco lo recordaba tan empinado —Franco deja salir su respuesta mientras sonríe de lado e imitando a Siena, sea tiene junto a ella para descansar un poco, sonriendo de lado—. Creo que la única vez que noté la inclinación fue la primera vez que subí meses después del accidente. Desde entonces creo que se me ha hecho bastante normal.
Respirando profundamente para poder controlar su respiración, Siena gira el rostro hacia él ante la mención del accidente.
—Hablando de eso… —comienza con suavidad pu