El sendero comienza a estrecharse con cada metro que avanzan. Franco, caminando unos pasos por delante, aparta con la mano las ramas bajas para permitir que Siena pase sin complicaciones. El día, que hace apenas un par de horas se mostraba despejado, ahora se siente más fresco. Un viento húmedo se cuela entre los árboles, trayendo consigo el olor a tierra mojada y resina.
—Nunca dijiste que el camino sería tan empinado —comenta Siena, deteniéndose un momento en la subida..
—La verdad es que ta