Al abrir la puerta, Skye se sorprende de ver a Siena, pensaba ir a verla para disculparse por lo ocurrido, pero pensó en primero darle un espacio para que ella se calmara. Pero al ver a su hermana, no puede pasar por alto la expresión de su rostro: ensa, contenida, con un silencio que pesa, lo que hace que la menor se aparte con rapidez.
Al ver el paso libre, Siena entra en la habitación y cuando ambas están dentro, Skye cierra la puerta con suavidad, como si temiera que un ruido brusco pueda romper la fragilidad que se muestra en su hermana.
—Siena… —empieza la menor con un suspiro inseguro—. Mira, antes de que digas nada, quiero disculparme. Lo de hace rato, en el pueblo… yo solo estaba bromeando. No pensé que te fueras a incomodar así y debí de tenerme en el instante que me lo pediste. De verdad no quería hacerte sentir mal.
Siena parpadea, sorprendida por el rumbo que toma la conversación. No tenía pensado hablar de eso, no quería darle mayor importancia porque aún cuando sí le a