La campana sobre la puerta de la tienda tintinea suavemente cuando el grupo entra. Un olor a lavanda y madera recién pulida llena el lugar, las paredes están cubiertas de telas colgantes en tonos crema, blancos en sus diversos tonos, y las telas a cuadro de azules profundos, verdes y negros. Sobre varios maniquíes se exhiben vestidos tradicionales mezclados con detalles modernos, una combinación elegante que encaja perfectamente con el aire del lugar.
—Bienvenidos, milord, sir Alexander, señoritas —saluda con total respeto. La modista es una mujer mayor vestida de forma tradicional, su cabello gris plata se encuentra recogido en un moño y ojos vivaces parecen detectarlo todo con un solo vistazo—. Tomen asiento por favor, perdón que no tenga nada preparado para ofrecer a mis señores, no sabía que ustedes vendrían, pensé que la señorita Skye vendría sola a ver las telas que pidió.
—No pasa nada señora Abbod, finja que nosotros no estamos aquí —Franco baja a Victoria de sus hombros mi