Maltus se frota las manos contra el pantalón por enésima vez en menos de cinco minutos, intentando así deshacerse del sudor que las cubre, pero en ese punto ya es un gesto que resulta completamente inútil. La humedad regresa casi de inmediato, como si su propio cuerpo se negara a colaborar. Muy a pesar del aire acondicionado, puede sentir como respirar dentro de la oficina es prácticamente imposible, el aire se siente más denso de lo que debería, pero sabe muy bien de la razón de que sea así y