EMMA.
No sé por qué a estas instancias aún no había esa dicha instalación de “oficina provisional” que Noah había prometido para mí.
Hoy era viernes en la mañana y seguía aquí en su despacho, en su silla, y en su computadora, y no había hablado del tema de en qué momento iba a pasarme a otro sitio.
Tal vez Noah decidió que no haría tal instalación cerca de él. Estaba conociéndolo un poco, y su fuerte era estar solo. Ahora entendía que no le gustaba compartir con la gente la mayoría del tiempo,