EL GRITO EN EL JARDÍN
El sol brillaba tan fuerte que me hacía cerrar los ojos por un instante. Estaba de pie en el altar, con el vestido de encaje que mamá me cosió a mano — color crema con puntitos de azul, como el cielo de cuando era niña — y sentía que todo era un sueño. Hasta que escuché ese grito.
—¡Detengan la boda! ¡El novio soy yo!
Se escuchó un suspiro colectivo que se quedó en el aire. Miré hacia la entrada del jardín y lo vi: Leo, con la camisa arrugada, el pelo desordenado y los ojo