Sus piernas se abrieron a ambos lados, sentí el calor de su cuerpo. El vino fresco en su piel añadió más intensidad al momento, sus manos se apoyaron en mi pecho guiándola con precisión. Me miró con una intensidad ardiente y antes de que pudiera reaccionar, se montó sobre mí con un movimiento firme y seguro. Gimió en voz alta. Sonreí.
Sus caderas comenzaron a moverse lentamente, provocando una fricción que nos hizo gemir a ambos. Cada movimiento que hacía dejaba ver el control que ejercía su