Sonreí endiabladamente cuando descubrí su tatuaje oculto, vaya que era fuego puro; quería arder en esa llama… también sonreí por la casualidad, dos fuegos mezclados se convertirían en incontrolables.
Lo que ella provocaba en mí era demasiado intenso; me estaba quemando por dentro y sentía que necesitaba apagar ese fuego o dejar que se hiciera aún más grande. Cada mirada, cada roce, cada sonrisa suya me consumía. Entonces, en un momento ella soltó algo que jamás esperé escuchar: "Es mi primera