Su presencia me daba una libertad que me embriagaba. Sentía que el mundo se desvanecía a nuestro alrededor, dejando solo la intensidad de nuestros corazones latiendo al unísono. Lo mejor de todo era que, por primera vez en mucho tiempo, me sentía completo, auténtico. Y eso me estaba encantando más de lo que podría haber imaginado…
Desde que sus ojos azules llamaron mi atención, una fantasía estuvo rondando mi mente, una que nunca pensé que se cumpliría. Le pedí con las voz cargada por el deseo