EL MARIDO DE MI HERMANA.
Capítulo final.
Cuando aterrizamos y salimos del aeropuerto el aire fresco de Valencia se sintió en mi piel. Alan me ofreció su abrigo, pero lo rechacé con una sonrisa; necesitaba sentir todo, incluso el frío, como un recordatorio de lo lejos que habíamos llegado juntos. Alan sostenía mi mano mientras buscábamos un taxi que nos llevaría al barrio de Patraix, donde vivía su tía Margaret. Mi mente no paraba de dar vueltas, repasando una y otra vez cómo sería el recibimi