Ella lo miró con esos ojos llenos de orgullo y enojo, levantándose abruptamente y no para irse. Todo lo contrario.
—No me digas Ada —masculló entre dientes—. No voy a ir a ningún lado —respondió con un tono desafiante.
Él la miró, pude darme cuenta; lo sacaba de quicio, pero al mismo tiempo en su mirada había tanto amor.
—No voy a repetirlo. No es una pregunta.
Ella soltó una risita molesta. El tipo no estaba dispuesto a discutir. En un movimiento que fue demasiado rápido para procesar, la l