Aspiró frenéticamente, sus manos comenzaron a temblar, el hecho de no tener el control de la situación la hacía sentir vulnerable y molesta. Sin poder controlarse más, soltó un grito ahogado y en un arranque de ira barrió la mesa lanzándo todo al suelo. Las copas estallaron en pedazos, un corte en la palma de su mano la hizo gritar más fuerte.
El dolor físico fue instantáneo, pero no lograba apagar la impotencia que sentía, una tras otra empezó a gotear la sangre de su mano. No quería, no podí