Le envié la dirección del club y colgamos. Josh apoyó los brazos en la barra y me miró con una sonrisa pícara.
—Interesante, un hombre que marca su territorio.
Sonreí, dándole un sorbo a mi copa.
—No lo creo, solo quiere un trago. Además, ya sabe que no somos nada.
—Eso no quiere decir que mi presencia no le cause celos —dijo, guiñándome un ojo con picardía.
Nos quedamos platicando hasta que media hora después, vi entrar a Alan. Lo primero que hizo al verme fue abrazarme con fuerza.
—Te extra