Dentro de todo lo que platicamos me preguntó si sabía conducir. Le dije que no. Dentro del vehículo el ambiente estaba cálido gracias a la calefacción. Me acomodé en el asiento del copiloto, mi vestido ajustado realzaba cada curva de mi cuerpo. Él se sentó detrás del volante con una sonrisa traviesa que hizo que mi corazón latiera más rápido.
—¿Te gustaría que te diera unas clases?
Lo miré descaradamente, mordí mi labio inferior.
—Yo siempre estoy dispuesta a aprender.
Con un movimiento sua