No pude evitarlo, me volví a reír. Luego sonreí con nostalgia y le conté la historia. Cómo inició y la razón por la que se fue.
—De verdad deseo que sea muy feliz y que haya logrado olvidarme —finalicé.
—Deseo lo mismo.
Solté una risita, entonces de repente sentí sus brazos alrededor de mi cuerpo, me perdí en sus ojos.
»Lo único bueno de todo esto es saber que eres sólo mía.
Esa palabra “mía” se escuchaba hermosa. También le conté lo que hacía el alcohol en mí, él sonrió con maldad.
—¿Y si