…
—Pasamos con su familia y luego nos fuimos juntos a coger como conejos. Tenía la cabeza en medio de sus piernas y las manos llenas, por esa razón olvidé llamar…
—¡Alexia! —Gritó mamá, por poco se le salen los ojos.
Me encogí de hombros. Respondí con sarcasmo.
—¿Qué? No dices que nada de mí te sorprende, entonces por qué razón te escandalizas.
Mamá frunció el ceño.
—Que no te escuche tu papá. ¿Qué karma estaremos pagando contigo?
Solté una risita. Me molestaba, pero no iba a demostrarlo.