Le costó dormirse. A la mañana siguiente, entró a la habitación de su hermana, sin esperar que ésta se levantara.
—¿Pero qué ocurre, tía? Ya no me dejas ni dormir. Que ya yo tengo una edad. Tía, que te llevo 15, y eso que te quiero mucho.
La maestra abrió las cortinas para que entrara la poca luz de las primeras horas del día.
—Necesitaré que me hagas un favor.
Dolores arrugó su cara y se tapó con el edredón.
—¿Estoy en un crucero a la deriva en Altamar? Esta casa es todo un lío. Que estoy de