Ella se sentó en el mueble más grande, justo en el medio de éste y cruzó sus piernas, desnudas ellas, embadurnadas de crema corporal brillosa y seductora, la mujer se había acicalado completa antes de llegar allí, preparada para vivir una noche estupenda con el hombre de sus sueños.
Leonel regresó al poco tiempo y con la botella metida en una cubitera, un paño de cocina de color blanco en el hombro. Su atuendo era desenfadado. Llevaba una camisa blanca arremangada en sus brazos, el pantalón de