—¡No puede ser, esa maldita de Minerva! Con razón no bajó la cabeza como yo quería que lo hiciera— piensa en voz alta
—Francesca— escucha a Luigi suspirar
—mi amado, yo contigo hasta la muerte, no estoy aquí por gusto, si no por nuestro futuro. Debes creer en mí. No tengo las cosas fáciles como pensaba, la niñera me está estorbando
—¿Niñera, de qué hablas?
—la niñera de los mellizos, se cree la madre de ellos dos, aunque me da igual. Solo que esa niñera se le mete por los ojos a Leonardo y no