Con una mirada temerosa, Maisie observó el enorme yate amarrado cerca del pontón. Jabbar subió a la pasarela y se volvió para tenderle la mano. En su miedo al agua, Maisie deslizó su mano en la de él y una cálida corriente la atravesó. Él la ayudó a abordar el lujoso barco y, curiosamente, Maisie no sintió que la invadiera ningún mareo mientras la conducía hacia un interior ultramoderno.
- ¡Nunca hubiera pensado que podrías poner una sala de estar en un bote! Ella tiró para romper el hielo.
Él