Jabbar se había rendido. Durante dos horas había estado observando a Maisie dormir con la manta hasta la barbilla.
No se atrevió a moverse, enamorado de su hermosa mirada tranquila. Se aventuró a levantar la mano para acariciar su hermoso rostro. El barco se balanceó ligeramente, como una canción de cuna silenciosa. Ella ya no temblaba en su presencia, notó cuando vio sus manos relajadas y no apretadas en puños.
Su momento de contemplación fue interrumpido por la vibración de su teléfono sobre