Mundo ficciónIniciar sesiónEl teléfono vibró contra la mesita de noche con la insistencia de una sentencia de muerte. Valeria observó la pantalla iluminada en la oscuridad de su apartamento, el nombre de Matías Garcés parpadeando como una advertencia que llegaba demasiado tarde. Las once y cuarenta y tres de la noche. Nada bueno sucedía a esa hora.
Dejó que la llamada muriera. Tres segundos después, el dispositivo vibró de nuevo.
—Mierda







