Poco a poco, Celina empezó a sentirse mejor. Permaneció allí, aún agitada, intentando comprender lo que sentía, mientras doña Lucía la observaba con ojos atentos. Entonces, sin rodeos, la mujer preguntó:
— ¿Cuántos meses tienes?
Celina giró el rostro lentamente y bajó la cabeza. Su voz salió baja, temblorosa:
— ¿Cómo… cómo lo sabe?
— Hija mía… soy madre de tres. La experiencia me lo dice. Cuando una conoce el cuerpo de la mujer, lo sabe.
— Estoy por cumplir dos meses —confesó finalmente Celina.