Todo por el bebé.
Narrador.
Ignacia se removió entre los brazos de su esposo que la tenían aprisionada como una jaula bien asegurada y consiguió soltarse de esas manos que le sujetaban los bíceps y luego pugnó a zarpazos contra las colchas que le inmovilizaban las piernas, consiguiendo una vez más liberarse, pero tanto fueron sus movimientos que no midió el espacio entre el piso y la cama que cuando supuso que podía levantarse su cuerpo dio tremendo impacto contra el suelo que terminó por despertarla completamen