Impulsada por los recuerdos.
Narra Ignacia.
No recuerdo la última vez que dormí siendo arrullada, sintiendo el calor de otro cuerpo, y aunque quiera negarlo no puedo mentir, debo aceptar que se siente bien. Y más como esos dedos suaves con un aroma que me encanta me acariciaban el rostro con lentitud, tanto peinaba mi cabellera como delineaba mis cejas y mis labios.
«Qué rico se siente» manifestó la voz de mi conciencia.
—Que debo hacer contigo capricho, me duele que te lastimes de este modo por no querer estar a mi lad