Deliciosa frustración. 2
Narra Ignacia.
De repente, me atrapa por las muñecas, reúne mis brazos encima de mi cabeza y las aprisiona con una mano de acero antes de chocar con mi boca con un beso febril. Su cuerpo pesa suavemente sobre mí, sus muslos duros se imponen a los míos, abren firmemente mis piernas. Contra mi sexo ya húmedo se presiona la rígida barra de su miembro erguido.
Saberlo tan cerca me excita todavía más, lo necesitaba desde anoche, y por lo visto, no importa cuánto lo tenga siempre mi necesidad por s