Narrador.
Soraya se encontraba recostada de la isleta de la cocina, llevaba varios minutos viendo un zapato de bebé que había sido tejido por sus propias manos hacen más de treinta años y al recordar la ilusión con la que lo creó, un nudo se le formó en la garganta haciendo que las lágrimas se le salieran descontroladamente y sin proponérselo; era inevitable que no llorase al recordar a sus ojitos de cielo, pero su tristeza era mayor en esta fecha.
«Mi Yatzil, hija amada» musitó para sí misma