Capítulo 93. Intruso.
El sol estaba en su cenit, pero no calentaba. La luz era blanca y fría, iluminando el patio de la Rocca como un escenario de operaciones.
—¡Tira! —ordenó Renzo.
Massimo apretó los dientes, plantó las botas en la tierra húmeda junto al muro norte y tiró del cable de acero con todo su peso.
El rollo de alambre de espino, que Gaetano había comprado, se desenroscó como si se tratara de una serpiente plateada y maligna. Las cuchillas brillaban, afiladas como bisturís, diseñadas para rasgar ropa y ca